Cajetan era la cabeza de una familia Yéniche (Jenische o yenish), nómades europeos de origen incierto que hablaban un dialecto del alemán. En Suiza, algunas denominaciones formales los trataban como "apátridas" (Heimatlose), o "Vaganten" (itinerantes o vagabundos). Es fácil dar con documentación de la época que los trataba como "tolerados en..." para mencionar su lugar de residencia. No nos extrañaría que las denominaciones populares hayan sido mucho menos felices. Pero algo sí está claro: no eran muy apreciados que digamos. Estas gentes compartían hábitos y penurias con otros nómades de origen más conocido, los gitanos. Lo único que quizá los diferenciaba era su tez blanca, sus ojos claros y su idioma, una lengua germánica.
La biografía de nuestro protagonista transcurre entre los siglos XVIII y XIX. Cajetan habría nacido hacia 1773 en un pueblo llamado Blumegg, del por entonces "Gran Ducado de Baden", hoy parte del estado de Baden-Württemberg, en el Sudoeste de Alemania. Desde allí inmigró a Suiza donde vivió hasta su muerte, acaecida 30 años después. En el transcurso de esas tres décadas había cambiando de localidad de residencia varias veces, aunque en algunas de ellas permaneció largos años. Llevaba siempre consigo a su familia, que fue creciendo, y a su mujer Maria.
Hacia mediados de siglo XIX Suiza comienza un proceso de asentamiento o afincamiento forzado de estas etnias nómades. Luego de una sangrienta guerra civil en 1847 la Confederación Helvética, al igual que varios otros países europeos, estaba muy celosa respecto al libre tránsito de personas en las inmediaciones de sus fronteras. Estos nómades, no siendo ciudadanos de la Confederación, sin una identidad definida, con una vida sospechada de estar "al margen de la ley", y con su estilo de vida no del todo aceptado por el resto de los ciudadanos, evidentemente ponían nervioso a más de un funcionario estatal; eran la piedra en el zapato, y les urgía hacer algo al respecto.
Luego de un proceso que llevó unos años, el estado suizo procedió en algunos casos a asignarles un lugar de residencia en función del sitio en que más tiempo se habían quedado en sus años de itinerancia; la implementación efectiva de esta solución a veces significaba la separación de grupos familiares enteros. A cambio se les otorgaba ciudadanía, para que de esa forma comenzaran una vida "acorde a la ley". (Algunos años después, en 1869, también se llevaría un proceso de "ciudanización forzada" similar con los judíos). En otros casos eran directamente enviados fuera del continente, hacia las colonias de América (sur y norte) o Australia. En este sentido el grupo familiar de Cajetan es un caso paradigmático: le tocó ser desmembrado en 1857, cuando él ya tenía unos 80 años. Acaso su espíritu y su cuerpo no resistió semejante aberración, ya que fallecería ese mismo año.
Este proceso comenzó con el cercenamiento de los hábitos de "libre tránsito" de los Jenisches dentro del territorio suizo, forzándolos a una residencia transitoria en un par de estados o localidades del norte de Suiza. Desde allí eran trasladados regularmente a Berna, donde eran confinados por dos o tres meses en un espacio limitado. Durante ese período eran registrados en archivos policiales y... ¡fotografiados!
Las imágenes que se muestran en este post son de los años 1852-53, de un fotógrafo profesional de estudio hoy relativamente conocido, Carl Durheim, que por encargo de lo que entonces eran las fuerzas de seguridad (no podemos denominarlas como "policía" ya que no lo eran en el sentido que las conocemos hoy), hizo las tomas fotográficas de unos 200 jenisches, para que formaran parte de ese registro individual. Esa colección de imágenes se reconoce hoy como uno de los primeros y más importante intentos de poner la fotografía al servicio de la seguridad pública. Pasarían más de 50 años antes de que se la incorporara definitivamente al procedimiento de "fichaje" de malvivientes, tal y como la conocemos hoy en día, con reglas muy precisas en cuanto a la forma de ejecutarlas.
Es de notar también la forma en que eran fotografiados: de cuerpo entero y en poses típicas utilizadas en la época para retratar a las personas. A estas alturas del siglo la fotografía era un lujo caro, por lo que estaba reservado para las clase pudientes; ser fotografiado en 1850 era todo un signo de distinción, notoriedad, buen gusto y excelente posición social. Dicho esto, es fácil entender que estas imágenes no fueran del todo bien recibidas por la sociedad en general, ¡cómo entender eso de gastar el dinero del Estado para fotografiar a la chusma!
Quizá sea en parte la explicación de otro aspecto interesante de estas tomas. Las ropas con que aparecen casi todos ellos no eran sus auténticas vestimentas, sino las que les eran entregadas para esta sesión de fotografía: muchos de ellos aparecen con ropaje de tipo citadino o campesino, cosas que ellos no eran de ninguna manera. Podría pensarse en un principio que quizá sus auténticas vestimentas no eran consideradas suficientemente "decorosas" como para que fueran fotografiadas con ellas. Menos inocentemente visto, creemos que también de esa manera se les imponía una idiosincracia, se les estaba diciendo qué se pretendía que ellos fueran...
Es precisamente en estos aspectos donde radica una gran paradoja: los descastados, perseguidos, estigmatizados, discriminados, ignorados y deshonrados son merecedores de un privilegio que para la época sólo estaba reservado para ricos y nobles. Gracias a esto, sus imágenes nos llegan desde lejos en el tiempo y con una identidad propia, pasando a formar parte de la historia de la fotografía en un documento que es de valor único. Le deja a uno un cierto sabor a reivindicación...
Para terminar, volvamos a Cajetan: las fotos de los que están aquí además de él son sus hijas e hijos, entre los
que se encuentra su primogénito Bernhard, quien habría nacido en Alemania, y habría estado junto a sus padres al ingresar toda la familia a Suiza. Bernhard emigraría emigraría con la "ayuda" del estado suizo junto a su propia familia compuesta de esposa y diez hijos, rumbo a Argentina en 1856, para ser una de las doscientas Familias Fundadores de una de las primeras colonias agrícolas argentinas, con la que se iniciaría inexorablemente el poblamiento y desarrollo rural de lo que luego se conocería como Pampa Gringa, en la provincia de Santa Fe. Esa colonia es Esperanza, y a él lo conocemos como Bernardo Ostertag.
Bernardo Ostertag y su mujer Catalina Wendelmeier eran los tatarabuelos de la abuela del autor de este sitio.





Fotos gentileza Schweizerisches Bundesarchiv (Archivo Federal Suizo)
Fuentes:
(1) "Wider das Leugnen und Verstellen" por Carl Durheim, Martin Gasser, Thomas Dominik Meier, Rolf Wolfensberger, Fotomuseum Winterthur, Museum für Kommunikation Bern
(2) "Eine Heimat und doch keine" por Thomas Dominik Meier, Rolf Wolfensberger, Berna, Suiza
(3) "Journal des tribunaux et revue judiciaire", Berna, Suiza
(4) Sitio sobre historia de Esperanza y Las Colonias, Santa Fe, Argentina, de Hugo Zingerling
(5) Les Yéniches, édigé par un membre de cette communauté (Ludo Gerzner)
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